Ellos



¿Qué es la felicidad?

La ausencia de miedo

















martes, 9 de enero de 2018

esta Historia

Los poetas, cuando escriben, acostumbran a actuar como si fueran Dios y pudieran dominar totalmente cualquier historia humana, comprendiéndola y exponiéndola como si Dios se las contase a sí mismos, sin velos, esencial en todo momento
 Yo no soy capaz de hacerlo, como tampoco los poetas lo son 
Sin embargo, mi historia me importa más que a cualquier poeta la suya, pues es la mía propia, y además es la historia de un hombre: no la de un ser inventado, posible, ideal o no existente, sino la de un hombre real, único y vivo…
No puedo adjudicarme el título de sabio. He sido un hombre que busca, y aún lo sigo siendo; pero ya no busco en las estrellas y en los libros, sino que comienzo a escuchar las enseñanzas que me comunica mi sangre
Mi historia no es agradable, no es dulce y armoniosa como las historias inventadas. Tiene un sabor a disparate y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos
Pocos saben hoy qué es el hombre. Muchos lo presienten y por ello mueren más tranquilos, como yo moriré cuando haya terminado de escribir esta historia
Demian (1919)
Hermann Hesse


miércoles, 11 de enero de 2017

viernes, 2 de diciembre de 2016

#HamburguersYFrankfurters


#HamburguersYFrankfurters from Dr R on Vimeo.

 #HamburguersYFrankurters, pieza resultante de la acción collage cn Jam sesión del pasado viernes 28 de octubre, y q ya está en exposición en el Hall de la Biblioteca Pública del Estado en Santa Cruz de Tenerife
Obra q se suma a otras tantas salidas en acciones de Realismo Punto Cero / José Ramallo desde el año 2014
Arte contemporáneo hecho x todos/ pasado, presente y futuro/ vida
Retocando la cita de Confucio: Gracias al cielo y a los demás
Vídeo: Tito Cachibuche
#Seguimos


domingo, 2 de octubre de 2016

Quién manda aquí




Quién manda aquí from Dr R on Vimeo.



Quien no entiende el reflejo, no conoce al oponente 
¿Quién me ayuda a caer x la pendiente? 
Mala Rodríguez 

«Es el loco que hay en nosotros el que nos obliga a la aventura; si nos abandona, estamos perdidos: todo depende de él, incluso nuestra vida vegetativa; es él quien nos invita a respirar, quien nos fuerza a ello, y es también él quien empuja a la sangre a pasearse por nuestras venas. Nos se puede ser normal y vivo a la vez» 
— Emil Cioran 

#PepeYChito
#ArtistasADomicilio

lunes, 20 de junio de 2016

Duerme, mi amor, duerme

La quise, juro que la quise con locura, como todos los amantes jóvenes que se descubren al mismo tiempo. Luego, dejé de quererla y la usé, sin más. Ella me decía te quiero y yo sonreía, sólo eso.
El tiempo pasó y nuestra casa se fue llenando de rutinas, mentiras pequeñas, y manías, mis numerosas manías. Aquellas cosas que en los inicios de toda relación resultan cómicas, entrañables digamos, se tornaron para mí en desagradables. Ya no soportaba verla masticar durante las comidas, como si de un rumiante se tratase, toda la boca llena y el buche inflado. Su piel, que antes tocaba de continuo por pura inercia, ahora me parecía grasienta y desagradable. Sus dientes se habían puesto amarillos, su calor era para mí sofocante, su aliento pestilente… qué pena me daba, qué sentimiento tan inhumano: día a día el asco se apodera de tu razón y no sabes cómo pararlo.
Pero yo sí supe como detener esa sinrazón, ¡oh, vaya si lo supe! La idea se fue apoderando de mí despacio. Primero apareció como en un sueño, y no le di demasiada importancia. Luego las imágenes se sucedían en cualquier momento: mientras trabajaba, conduciendo, en la ducha, no había forma de pararlo. Cuanto más la miraba, más se incrustaba en mi cerebro la idea, el plan. Al cabo de un tiempo todo se había ordenado dentro de mí, no había marcha atrás.
Veinte minutos antes de decirle al oído, suavemente, como cada noche, Duerme mi amor, duerme, ya sabía que ella me hacía el amor, mientras yo follaba pensando en lo que iba a suceder poco después. ¡Sí, lo sé!, puede que lo sea, que no sea más que un depravado, un miserable, pero ¿cómo iba a prescindir de sus servicios sin antes saciar lo único que me había unido a ella los últimos años, sin antes dejar para el recuerdo un buen orgasmo?
Cómo llegué a ese estado ni yo mismo lo sé. Supongo que lo único que separa a un loco de un cuerdo es el asesinato, y aunque esta teoría no la tengo del todo definida, se podría decir que algo loco, por tanto, estoy. ¿Pero acaso no hubiera sido más terrible envejecer como desconocidos, o peor aún, huir dejándola con el corazón destrozado el resto de su vida?
Duerme mi amor, duerme, le dije, y agarré la almohada. Apenas un bostezo le dio tiempo a soltar y apreté con todas mis fuerzas. Sus piernas se movían como la cola de un lagarto que es separada del cuerpo. Sus débiles brazos dibujaban figuras en el aire antes de golpear mi espalda sin mucho convencimiento. Resultó sencillo hasta el punto de pensar que quizás, en un postrero signo de lucidez, mi querida esposa no opuso más resistencia porque entendió que yo estaba haciendo lo correcto, lo mejor para los dos. Y es curioso, pero cuando levanté la almohada de su cara, la vi bella como tiempo atrás, hermosa diría, ¡cuánto misterio esconde el cerebro humano, cuánto misterio!
Ahora un vaho espeso pulula por el dormitorio oscuro como niebla en invierno. Cinco días han pasado y su piel ya no me parece tan grasienta ni sus dientes amarillos. No me sofoca su contacto y su olor… bueno, su olor… Ahora, mientras escribo dejando constancia de nuestra historia -por qué no decirlo- de amor; su suave voz suena en mi interior como cada noche desde aquella noche: Duerme mi amor, duerme… me sugiere una y otra vez. Así que debo despedirme, cambiar papel por soga, y cerrar este relato legado a generaciones venideras de amantes, a quienes quizás, de una manera u otra, podrá servir mi experiencia. Cuánto misterio esconde el cerebro humano, cuánto misterio... ahí está de nuevo esta canción celestial, este himno de amor eterno… Duerme mi amor, duerme… sí cariño, ya me duermo.
Del libro de relatos: Ensalada de Canónigos
Jota Ramallo, ediciones Idea 2008